2/3/09

La importancia de las palabras

Hay que ver la importancia que tienen las palabras. Dice uno mirando al cielo con gesto preocupado que va a llover, y piensas: un vendedor ambulante. Se acerca otro, mira hacia arriba, señala con el dedo y dice: cuatro gotas. Piensas: éste será de la Plataforma de la Vega. Te sientas a comer y dice el otro: la borrasca se va a situar por el centro de la península aunque su efecto está amortiguado por el anticiclón de las Azores. Y entonces dice mi mujer: me avisas cuando empiece el amor en los tiempos revueltos, que voy a recoger la cocina. Y cuando empieza la novela, cojo un libro muy gordo, que no sé cómo no me ha aplastado ya entre cabezada y cabezada y leo medio dormido: La lluvia golpeaba la sonrisa de la ventana en un repiqueteo….
Y es que hay que ver lo que son las palabras. Tantas palabras para tan pocas cosas, y a veces tan pocas palabras para cosas tan diferentes.

Vas por la calle y dice un tipo: la pasta o la vida. Y te cagas. Aunque lleves cinco euros encima. Pones la radio y dice otro: el Banco Central Europeo ha decidido subir un cuartillo el precio del euro. El euríbor se sitúa en el 3,75. Según cálculos de nuestros expertos, eso va a suponer un aumento de trescientos veinticuatro euros en la hipoteca media. Y ya no te pones ni nervioso, apagas la radio y te vas al bar a tomarte una caña haciendo tiempo para la reunión de la comunidad.

Llegas el primero como siempre y cuando ya ha pasado casi una hora, dice el vecino del cuarto be, que está zumbao, que este año hay que cambiar el ascensor, los buzones, el pasamanos de las escaleras y los contenedores. Pero como no está satisfecho, dice: ah, y la terraza hay que levantarla que se cala. Pero el administrador le dice: hombre, hombre, que eso vale un pastón, que tendríamos que gastarnos el presupuesto de quince años para hacer todo eso. Vamos a ver el dinero que tenemos y después vemos los gastos que se pueden hacer. Y piensas: eso parece sensato.

Cuando se termina la reunión de la comunidad, me siento y pongo la Telorrio. Sale un tío muy serio que parece que es concejal y dice: este año hemos aprobado un presupuesto arriesgado, un presupuesto inversionista. Luego salen cuatro hablando en una mesa larga, son los cuatro de siempre y ahí saco en claro que este 2.007 nos vamos a fundir 42 millones de euros. Y dice mi señora: Joder, pues que nos pille confesaos. El año pasado, este mismo tío, o el alcalde, que ya no me acuerdo, dijo que el ayuntamiento iba a ingresar 33 millones, y que eso mismo era lo que nos íbamos a gastar. La miro intrigado, y le digo: ¿Y qué te pasa, cobarde? ¿Quién dijo miedo? Con lo gastosilla que tú eres… Mi mujer se enfada, no sé por qué, y me dice: cada día estás más tonto. El año pasado, en vez de ingresar 33 millones ingresaron 31. Y eso contando los cinco millones de euros que ingresaron por malvender el suelo de un pgou que no se ha aprobado. Eso lo dirás tú, le respondo. Sí, hijo, eso lo digo yo, y todo el que tiene dos dedos de frente, que cada día te veo más lento. Lo que te estaba diciendo, que ingresaron 31 millones de euros. Y en vez de gastar 33, gastaron 46. Así que, haz las cuentas, Pitágoras.

Total, que entre eso, y mi niña que no dejaba de cambiar para ver Los Hombres de Paco, no he podido ver relajado el fútbol. Menos mal que a última hora le hemos metido un gol a Islandia. Y ha sido un catalán, así que Zapatero y Luis Aragonés siguen en sus puestos.

Por cierto, que me ha escrito el único lector que se estudia mis paridas, mi amigo Pepe, y me ha dicho que el Cid no era de León sino de Burgos, y que Palencia y Valladolid eran de Castilla y no de León. Y es verdad, qué razón tiene el hombre, pero con un par de matizaciones quedamos todos contentos. Rodrigo Díaz de Vivar nació cerquita de Burgos, a diez kilómetros más o menos. Acompañó a Sancho II, rey de Castilla en la guerra que mantuvo con su hermano Alfonso VI, rey de León. Alfonso VI fue capturado y Sancho II se adueño de León, unificando ambos reinos. Así que podemos decir que mío Cid no era de León cuando nació pero sí cuando murió.

Y de lo otro, depende de las fechas. En 1833, el motrileño Javier de Burgos arrejuntó a León con Zamora y Salamanca. Pero 22 años después, con un decreto de 30 de noviembre, añadieron a Léon las provincias de Palencia y Valladolid, que luego las volvieron a Castilla la Vieja. En fin, Pepe, lo que yo te digo, un lío. Por cierto, que hay un mogollón de leoneses que quieren la independentzia. Y lo mismo se plantan y le piden al Zapatero un referéndum de autodeterminazión. Veremos a ver en qué queda esto de la patria. Ya sólo falta que los de Baza se quieran amancebar con los murcianos.

29 de marzo de 2007

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